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Cáncer rectal

La cirugía es el tratamiento más común para todas las etapas del cáncer rectal. Por GANAR SALUD

Aunque los síntomas no aparecen en las primeras etapas, en etapas avanzadas puede presentar sangrado, molestias abdominales o defecación dolorosa y pujos inútiles.

El cáncer rectal es el cáncer que aparece en la última porción del colon, conocida como recto. El tratamiento primario para el cáncer del recto es la cirugía y, dependiendo de qué tan avanzado se encuentre, es probable que también se requiera radioterapia y quimioterapia.

La tasa de supervivencia a largo plazo es de alrededor de 85 a 90% cuando el cáncer rectal se diagnóstica a tiempo; sin embargo, esas cantidades descienden drásticamente cuando el cáncer se disemina a los ganglios linfáticos.

El cáncer rectal se diagnóstica a tiempo, la tasa de supervivencia a largo plazo es de alrededor de 85 a 90%.

¿Cómo empieza?

El cáncer rectal empieza con un crecimiento pequeño de células no cancerosas llamado pólipo. Extirpar los pólipos antes de que se tornen cancerosos puede prevenir el desarrollo del cáncer rectal, y por ello, es importante someterse oportunamente a las detecciones para cáncer de colon mediante colonoscopias.

Si bien, los médicos generalmente recomiendan realizar estas detecciones a partir de los 50 años, el médico podría recomendarlas antes o con más frecuencia cuando existen factores de riesgo, como antecedentes familiares de cáncer colorrectal.

No hay síntomas

Muchas personas con cáncer del recto no presentan ningún signo ni síntoma durante las primeras etapas de la enfermedad. Los signos y síntomas de las etapas posteriores pueden incluir sangrado rectal (generalmente de color rojo vivo), cambios en los hábitos intestinales, molestias abdominales, dolor en el recto, urgencia constante de defecar, y una sensación de llenura que se presenta acompañada por defecación dolorosa y pujos inútiles.

Etapas del cáncer de recto

Cuando el tumor no ha atravesado la pared rectal y los ganglios linfáticos no están afectados, se considera que el cáncer se encuentra en la etapa inicial (etapa I). La etapa II corresponde a un tumor que invade o apenas atraviesa la pared rectal, pero que no se ha diseminado a los ganglios linfáticos; la etapa III corresponde a un tumor que ya compromete a los ganglios linfáticos aledaños; y la etapa IV corresponde al cáncer que ya se ha diseminado a otras zonas.

¡Alerta, sangrado rectal!

Toda persona que presenta sangrado rectal por primera vez debe someterse a una evaluación para determinar la causa. Muchas personas posiblemente atribuyen el sangrado rectal a afecciones comunes, como las hemorroides; pero si con anterioridad se estableció el diagnóstico de hemorroides, es mejor acudir cuanto antes a una evaluación médica para descartar la presencia de un pólipo o del cáncer rectal.

Un paso importante en la evaluación de los sangrados por el recto es realizar el examen de tacto rectal. Para que se pueda llevar a cabo el examen, el médico introduce un dedo enguantado y lubricado en el recto para revisar si algo se palpa extraño.

Otros estudios

Es posible que también se realicen otros análisis para confirmar el diagnóstico y determinar qué tan avanzada está la etapa del cáncer. Por ejemplo, la colonoscopia permite al médico visualizar todo el colon, además de permitir la extracción de pólipos o de muestras tisulares para biopsia; mientras que la tomografía computarizada (TCD) o las radiografías pueden determinar si el cáncer se ha diseminado.

Otros análisis, como la ecografía endoscópica o las imágenes por resonancia magnética (IRM), ayudan a determinar qué tan profundo ha penetrado el cáncer en la pared rectal y si los ganglios linfáticos también están implicados.

Cirugía, tratamiento más común

La cirugía es el tratamiento más común para todas las etapas del cáncer rectal. El tipo de cirugía a realizar se determina según la ubicación del tumor y si están implicados los anillos musculares del recto (esfínteres anales) que controlan la expulsión de las heces.

En los casos de cáncer que crece en el recto o lo atraviesa, el cirujano posiblemente recomiende la extirpación (resección) de la parte cancerosa del recto, junto con un margen de tejido rectal sano próximo al cáncer. Además, se extirpan también los ganglios linfáticos aledaños para revisar si contienen cáncer.

Cuando es posible, se reconecta la porción sana restante del recto con el colon; pero cuando esa reconexión no es viable, entonces podría ser necesario crear a través de la pared abdominal una abertura permanente (estoma) desde la parte del intestino restante, conocida como colostomía, para permitir que los productos de desecho salgan a un dispositivo externo.

Quimioterapia y radioterapia

Además de la cirugía, el cáncer rectal que ha avanzado localmente, generalmente requiere radioterapia y quimioterapia. La radioterapia y la quimioterapia suelen administrarse cuando el cáncer se ha diseminado a los ganglios linfáticos aledaños o claramente ha atravesado la pared del recto.

Cuando el cáncer no se ha diseminado a otras zonas del cuerpo, generalmente se administra quimioterapia y radioterapia antes de la operación para reducir el tamaño del tumor y mejorar la probabilidad de extirparlo completamente. Combinar la quimioterapia con la radioterapia es lo que normalmente se recomienda para las etapas II y III del cáncer rectal, y busca complementarse por más quimioterapia después de la cirugía.

Debido al carácter grave del cáncer rectal avanzado, es importante acudir al médico a la primera señal o síntoma, sobre todo de sangrado rectal, cambios en el tamaño o características de las heces o molestias rectales constantes.

Dr. Robert Cima. Especialista en cirugía de colon y recto de Mayo Clinic de Rochester.

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