adultos mayores 1

Sexualidad y vejez

Para la mayoría de las personas en edad avanzada –tanto en México como en general en los países de América Latina– sus necesidades sexuales son un asunto que no pueden ventilar abiertamente. Por GANAR SALUD

El sexo pareciera que para muchas de estas personas es una cosa del pasado; una de las múltiples pérdidas que deben afrontar como parte del proceso de envejecimiento.

Esto ocurre a pesar de que las investigaciones realizadas en muchas partes del mundo demuestran que la sexualidad, tanto en sus contenidos instintivos como culturales, está presente siempre en los seres humanos e influye en su comportamiento a lo largo de toda la vida.

Víctor T. Pérez Martínez, psiquiatra cubano y master en longevidad, siguiendo a Weeks Jeffrey se refiere a la sexualidad como: …una dimensión de la persona que acompaña al ser desde el momento de la fertilización hasta el nacimiento, y de ahí hasta la muerte. Durante el transcurso de la vida, sobre la base de la cotidianidad, a los factores ya mencionados se le sumarán otros de orden ético, moral, político, de comunicación, de género, y los relacionados con el erotismo y la reproducción; por lo que, el término sexualidad se refiere al conjunto de convenciones, roles asignados y conductas vinculadas a la cultura y que suponen expresiones del deseo sexual, emociones disímiles, relación de poder, mediadas por el sistema de creencias, valores, actitudes, sentimientos y otros aspectos referentes a nuestra posición en la sociedad, tales como la raza, grupo étnico y clase social”.

En efecto, la sexualidad en el ser humano solamente concluye cuando muere la persona.

Marginación al adulto mayor

En México, a pesar de las recurrentes crisis económicas y las limitaciones presupuestales de los servicios públicos de salud y asistenciales, la población de adultos mayores está creciendo como en todo el mundo. Cada vez es mayor el número de personas de más de 60 años que se ven forzadas a vivir sufriendo las consecuencias de pautas culturales que promueven la marginación de los viejos, al considerar que han perdido su capacidad de ser útiles y productivos.

Bajo esta condición, la persona mayor pierde importancia para su comunidad donde comienza a ser percibida como una carga que simplemente es necesario soportar.

El viejo es considerado lento y torpe en su desempeño físico.

Respecto de su discurso se le considera anticuado y fuera del a realidad y para mayor oprobio, la sexualidad del viejo (cuando se manifiesta) se considera anormal y hasta pervertida. De hecho, el conjunto de manifestaciones que hacen patente la vejez en una persona, tienden a considerarse como enfermedad y asunto de médicos.

Sexualidad en ancianos es un sueño

Hablar de sexualidad en este contexto es difícil, pues la tendencia cultural se impone orientándonos hacia otras prioridades consideradas más urgentes. A pesar de todo, hemos visto que la investigación seria y actual sobre el tema nos está indicando que si es la sexualidad un asunto de primera importancia y determinante para la salud y bienestar de este sector de la población, que: “La actividad sexual existe en los ancianos, y en muchas ocasiones constituye la norma más que la excepción. Es falso continuar catalogando al anciano como indiferente o poco interesado en la sexualidad, o con escasa actividad sexual. Podemos afirmar que no hay un límite cronológico después del cual la vida sexual desaparece”, Pérez Martínez.

Por lo que corresponde al entorno de los servicios sociales de salud, su discurso si manifiesta conocimiento del nuevo enfoque de la sexualidad pero dentro de los límites de la visión médica, donde el viejo solamente es visto como paciente.

La utilización de medicamentos para controlar la disfunción eréctil, es un ejemplo de ello, sin embargo el enfoque médico, solamente ve un aspecto de una realidad múltiple y compleja.

Problema cultural, no sexual

La verdad es que no estamos ante un problema médico o de medicina social, sino ante un problema cultural. Ante un rezago en el desarrollo de nuestro conocimiento de la condición humana más allá de los prejuicios, creencias y temores de una sociedad poco informada y cuyo pensamiento, está determinando por creencias y valores que surgieron desde la época de la Grecia Clásica.

Es preocupante ver que ese modelo de perfección, bien y belleza, aún está vigente enmascarado por el delgado barniz de la modernidad.  “En la sexualidad se describen 3 fines: reproducción, comunicación y placer. Durante siglos se relacionó la sexualidad únicamente con la reproducción, negándosele, dada su infertilidad, el disfrute de la sexualidad a las personas de avanzada edad”, Pérez Martínez.

La verdad es que no estamos ante un problema médico o de medicina social, sino ante un problema cultural.

Él comenta en otra parte de su texto:  “La existencia de prejuicios sociales con pautas culturales rígidas, así como determinadas actitudes sociales y familiares ante la vida sexual del anciano, como la censura, el reproche, el miedo, las risas o los chistes, entre otros prejuicios y mitos, propician una desinformación permanente de la temática sexual en la edad geriátrica. En otras ocasiones, la persona se convierte en destinatario de sus propios prejuicios, y ello funciona como el principal responsable de la desvalorización sexual del anciano”.

Hoy, que vivimos la postmodernidad es fundamental reconocer que dentro de los amplios esfuerzos que como sociedad, venimos realizando para lograr una salud humana que reduzca la mortalidad infantil y logre un desarrollo óptima; donde cuerpo y mente se encuentren en armonía y gocen del bienestar, hemos dejado pendiente el desarrollo de pautas de cultura adecuadas para satisfacer las nuevas necesidades integrales del humano longevo, tanto en lo físico como en lo psicosocial y donde la vida sexual satisfactoria siempre será determinante de una salud integral.

Apunta Pérez Martínez: “Las pautas de interacción sexual en el adulto mayor no difieren de las practicadas en etapas anteriores de la vida. El coito vaginal, el sexo oral y la masturbación recíproca son formas de ejecutar el acto sexual, preferidas tanto por jóvenes como por ancianos. En el senescente, la masturbación en solitario también constituye una forma válida de actividad sexual”

Apenas podemos considerar estos comentarios como un llamado de atención a la importancia del tema, pero resulta suficiente para hacer una invitación a que trabajemos para replantearnos nuestra percepción y actitud hacia la necesidad de las mujeres y hombres añosos de relacionarse, enamorarse; expresar sus deseos de tocar y ser tocados y de contar con las mismas oportunidades que tiene un humano de cualquier edad para sentir, reconocer y expresa su sexualidad. Concluyo poniendo a su consideración este mínimo, pero importante documento:

 

Psicólogo Francisco Rodríguez Acosta. 

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