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Trastornos de la alimentación, imagen deformada y débil

La búsqueda de aceptación o el deseo de encajar en un grupo puede originar un problema de alimentación que puede terminar con la muerte. Los adolescentes son presa fácil por falta de identidad y autoestima. Por GANAR SALUD

Los trastornos de la alimentación son un grupo de padecimientos que se caracterizan por presentar un cambio en la actitud del paciente hacia los alimentos; cambio en el patrón de la ingesta de los alimentos y un efecto nocivo en la salud de quien los padece.

La adolescencia (de los 12 a 18 años) es el grupo de edad más vulnerable en los trastornos de la alimentación. El inicio de estos trastornos de alimentación pueden ser el deseo de alcanzar un estándar físico considerado por su grupo social como el idóneo en la mente de un adolescente con baja autoestima y que no siente una base familiar sólida y de confianza.

¿Meta innecesaria?

Estos adolescentes buscan alcanzar una figura más delgada, peso más bajo, talla de ropa más pequeña o lograr una meta deportiva determinada y, además, ese objetivo se acompaña de un beneficio secundario de lograr la aceptación o la admiración de un grupo social.

Se convierte en un problema de salud cuando el paciente presenta una deformación de su autoimagen y un descenso de su autoestima, que le impiden darse cuenta de que ya lograron la meta deseada.

 

¿De dónde proviene el problema?

En muchos casos, el problema se instala lenta e insidiosamente y la familia del paciente tarda mucho tiempo en darse cuenta de que el paciente tiene ya un problema serio, y por eso la búsqueda de ayuda se retrasa.

La mayoría de los casos se presenta en la adolescencia y es más frecuente en las mujeres que en los hombres. Esto suele relacionarse con el proceso de maduración en esa etapa de la vida, cuando la necesidad de identificación y de aceptación con sus pares los orilla a tomar acciones desesperadas para lograr cambios físicos en muy corto plazo, con el menor esfuerzo posible (excepto en la vigorexia) y que se refuerzan con un fondo de una dinámica familiar de leve a profundamente disfuncional, según la óptica del paciente.

Esto significa que no siempre hay una genuina disfunción familiar, pero a la vista del paciente la dinámica no cubre el modelo que sería deseable para él. Existen un mundo de variantes de presentación y cada caso es diferente de los demás, por lo que es necesario un estudio minucioso de cada caso individual para ayudar a esos pacientes.

Presión social

La sociedad ejerce siempre una presión sobre sus integrantes, en todos los grupos de edad y en todos los núcleos sociales; desde la familia hasta las grandes masas de población, incluyendo, además, la conceptos, hábitos y estreotipos producto de la invasión cultural de otros países.

Es parte de la naturaleza humana el deseo de sentirse identificado y aceptado por los grupos sociales donde el individuo se desarrolla y se desenvuelve. Cuando los patrones de belleza adoptados por el grupo no corresponden al físico o al comportamiento del individuo, éste se siente presionado para cambiar. Durante la adolescencia no se cuenta con todos los recursos psicológicos para hacer frente a esas presiones y sucede que algunos jóvenes encuentran una solución aparente en las conductas alimentarias alteradas y sobreviene alguno de este grupo de padecimientos.

 

Imagen deformada y débil

El riesgo de las complicaciones y hasta de morir no tienen mayor importancia en la mente inmadura del adolescente, pues mirar su imagen “deformada” les resulta más doloroso que correr esos riesgos.

Por ejemplo, en el caso de la bulimia, si el tema es estar muy delgada, como talla 0 a 2 en una chica de 15 años que no tiene la confianza de pedir ayuda para acudir a un tratamiento especializado de reducción de peso, y descubre que puede comer lo que sea y, con solo vomitar y/o usar laxantes y diuréticos puede bajar de peso, puede quedar atrapada en el círculo vicioso cuando es admirada por sus amigos; pero si vuelve a subir de peso será descalificada.  La paciente sufre por el temor de que esto último ocurra y al mismo tiempo desea poder comer lo que los demás comen, así que se da atracones de comida para vomitar después.

Una vida sin disfrutar

Si no se resuelve el problema, el paciente puede llegar a morir o puede volverse un problema crónico o recurrente que le acompañe en la vida adulta, pero invariablemente vivirá menos años y con menor calidad de vida sin alcanzar nunca todas sus potencialidades.

El paciente ya debilitado, que se encuentra prácticamente sin defensas, puede desarrollar fácilmente toda clase de infecciones en diferentes aparatos y sistemas orgánicos. El riesgo de un desenlace fatal aumenta si se tarda el inicio del tratamiento.

 

Secuelas emocionales y financieras

Estos padecimientos impactan la vida del paciente y de la familia; la muerte de estos pacientes es tan dramática que dejan secuelas permanentes en familiares. Son padecimientos incapacitantes y que a veces desembocan en un estado de constante vigilancia, casi policial, de la familia, con una zozobra psicológica permanente.

El deterioro de la situación financiera familiar suele ser la norma, ya que el equipo de profesionales de la salud requeridos deben ser muy bien seleccionados y tener experiencia suficiente para que en verdad ayuden al paciente. Además, los tratamientos son de largo plazo, lo que los hace costosos.

 

¡Ayúdalo!

La recomendación es que no minimicen el riesgo de que una hija o un familiar adolescente estén cayendo en la trampa. Al descubrir las primeras señales se debe actuar con toda la energía y los recursos que sean necesarios para impedir se agrave. En etapas iniciales, el binomio psicólogo-médico bariatra puede ser suficiente para resolverlo.

 

Daños en el organismo

  • Los daños orgánicos permanentes pueden ser:
  • Deterioro y pérdida de la dentadura.
  • Pérdida parcial o total del cabello.
  • Mala absorción intestinal que provoque desnutrición crónica.
  • Atrofia de grupos musculares.
  • Alteraciones hormonales permanentes.
  • Insuficiencia renal, cardíaca, hepática y otros.
  • Un paciente diabulímico puede presentar un coma diabético y morir en el primer intento de su práctica.
  • Un paciente vigoréxico puede sufrir un infarto al miocardio y morir, al correr dos maratones consecutivos.

 

 

 

Dr. David Montalvo Castro. Presidente del Colegio Mexicano de Bariatría y ex presidente de la Asociación Mexicana para el Estudio de la Obesidad y Trastornos Alimentarios.

 

 

+ INFO

Colegio Mexicano de Obesidad y Nutrición

www.cmon.mx

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