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Viridiana y Rodrigo superan la obesidad mórbida

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Dos historias. Dos realidades distintas pero una misma angustia: la balanza. Pocas enfermedades atraviesan tantas dimensiones de la vida como la obesidad. A más kilos puestos, más parece ocultarse detrás la persona que carga con ese peso.

Viridiana de 46 años nació en la Ciudad de México y llegó a pesar 150 kilos.

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“Mi vida era el esfuerzo, el sudar, tener cada vez más problemas para hacer mi trabajo. Siempre fui muy inquieta: soy Coordinadora de Difusión Cultural y Espectáculos. Pero ya no podía ir de aquí para allá. No era nada fácil tener que moverme. Ya estaba tomando metformina, estaba en los inicios de una diabetes”.

Rodrigo de 36 años llegó a pesar 230 kilos.

Nacido eAntes2 la Ciudad de México, alto y de espaldas muy anchas, jugó football americano durante sus años de preparatoria y las exigencias de un entrenamiento intenso lo hicieron justificar de alguna manera el sobrepeso que iba ganando. “Este deporte, te quiere más grande y más cuadrado. Yo comía mucho y mal, y empecé a tomar alcohol como la mayoría de esa edad”.

Era muy joven y Rodrigo ya tenía hipertensión. Cuando dejó de entrenar con la misma dedicación, la balanza trepó, los movimientos más simples se convirtieron en grandes esfuerzos y ninguna dieta ni plan de alimentación consiguieron nada.

Por distintas vías, pero atravesando el mismo problema y la misma limitación, ambos eran pacientes hiperobesos, sin medios económicos para acceder a la atención que necesitaban.

Tratamiento que cambia vidas

Viridiana y Rodrigo llegaron al Hospital Rubén Leñero de la Ciudad de México, que cuenta con una clínica especializada en el tratamiento de personas con obesidad en quienes esté indicada una cirugía bariátrica. “Primero me pusieron un balón intragástrico que ocuparía el 80% de mi estómago,  recuerda Rodrigo, que trabaja en la Dirección de Atención de una empresa de comunicación.

“Yo no sé si fue un poco el temor de que hubiera “algo” dentro de mí que pudiera hacerme daño, pero a pesar de que me aseguraron que no era peligroso me hizo moderar muchísimo con la comida y bajé 15 kilos en un mes.

Ese fue mi incentivo. Me dije a mí mismo: no los voy a volver a recuperar”. Y así fue.

A los 6 meses había perdido casi 40 kilos sólo con el balón y a los 8 meses decidieron dar un paso más: realizarle un bypass gástrico. “Fue en 2013. Ahora peso 98 kilos. Siempre digo que puedo elegir la ropa. Antes, la ropa me elegía a mí.”

Esa frustrante sensación de no encontrar qué ponerse porque nada es de la medida de uno,  es una experiencia que también lastimó muchos años la vida de Viridiana.

“Para una mujer es algo terrible no poder vestirse como le gustaría”, explica. Estar con sobrepeso te limita en muchos sentidos. Te genera inseguridad, miedos, complejos. Tengo una hija de 17 años y casi no tenemos fotos juntas. Yo no quería salir en ninguna”.

Viridiana siente que llegó al Hospital Rubén Leñero en el momento justo. Cargaba con muchos kilos desde hacía casi 20 años, pero los últimos 7 se había desatado su obesidad mórbida.

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Vidas transformadas

“Después de la cirugía bajé 80 kilos. De inmediato dejé de necesitar metformina. Pronto harán 4 años, en agosto. Empezó una nueva vida para mí, es mi segundo cumpleaños”. Una de las relaciones que más cambiaron tanto para Rodrigo como para Viridiana es la relación con ellos mismos: con el espejo.

“Te ves así y no te dices nada bonito”, recuerda Viridiana. Es como si no te quisieras. Después, a medida que tu cuerpo va apareciendo, ves que hay un retorno: yo no sabía nadar, ahora nado. No hacía gimnasia, ahora hago aerobics. Tengo e irradio otra energía”.

Rodrigo se siente fantástico y se convirtió en “runner”. “Antes no podía caminar más que unas cuadras. Me dolía todo”, recuerda.

“Ahora corro mínimo 5 veces a la semana entre 7 y 10 km. En los fines de semana que tengo más tiempo, 14 o 15 km por día. Se me hizo un hábito, es muy saludable para mí”.

Atención médica gratuita 

Viridiana dice que jamás podría haber accedido a una cirugía bariátrica en el ámbito privado. “Llegar a este hospital fue una bendición en mi vida. Esta es una cirugía cara y no tuve que pagar. Acá, en México, es muy difícil acceder a un sueldo decoroso. Aquí me recibieron, aunque yo prefiero decir que me cobijaron. Me operó un equipo. Son un grupo de profesionales, yo tuve apoyo psicológico, nutricional, clínico, deportivo, de todos”, expresa Viridiana.

Rodrigo también resalta la importancia de la gratuidad del servicio que presta el hospital. “De haber tenido que operarme a nivel privado, mi familia y yo hubiéramos tenido que pedir un préstamo a pagar durante muchos años, con enorme esfuerzo. Y no fue necesario.

Una nueva forma de vivir 

Me acostumbré a una nueva forma de vida. Vengo una vez por mes a hacer seguimiento. También incluyo en mis alimentos, los suplementos nutricionales que tenemos que tomar después del bypass porque se absorben de otro modo las vitaminas y los minerales”.

Viridiana se siente muy bien física y psicológicamente. Su estado de ánimo es otro. “Después de la cirugía fue fuerte la adaptación. Es acostumbrarse a comer de otra manera: porciones muy pequeñas, varias veces por día, tomar líquido antes o después de comer. Es cuestión de tiempo: uno se va ‘casando’ con esa parte, la toma como algo de la vida cotidiana. Tal vez necesitaba tener paz en mi corazón, y lo he logrado. Una vida nueva. Y cuando eso pasa, todo fluye”, admite.

El año próximo, si todo va como él espera, Rodrigo piensa casarse con su novia y le gustaría ser padre. “La obesidad me ha enseñado, también.

Cuando tenga un hijo quisiera que aparte de trabajar y de ser un buen ciudadano tenga hábitos sanos. Muchos padres te dan la mejor educación, pero los ves sedentarios, a lo mejor trabajan demasiado y no le dedican tiempo a estar activos. He visto gente de 50 años con superobesidad. Yo espero haber elegido la opción de una vida más sana y más larga”, expresa Rodrigo.

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